Esta sesión fotográfica nació con la intención de guardar para siempre un momento que no vuelve. Marlon Meléndez Gómez, con apenas seis años, nos mostró la belleza de la infancia en su forma más pura: risas sinceras, miradas curiosas y una ternura que solo existe cuando el mundo aún se descubre con asombro. Cada fotografía es un reflejo de esa etapa breve y maravillosa que pasa sin pedir permiso.
Fotografiar a un niño es escuchar sin palabras, es aprender a mirar con calma y sentir con el corazón. En cada encuadre buscamos preservar su esencia, su energía y esa luz propia que ilumina todo a su alrededor. Estas imágenes no solo capturan un rostro, capturan un recuerdo, una emoción y una historia que con el tiempo se volverá aún más valiosa para quienes la atesoran.





