Esta sesión fotográfica fue un acto de amor propio, una celebración íntima y consciente de una nueva etapa. En el marco de su cumpleaños número treinta y cuatro, ella decidió regalarse un momento solo para ella, acompañada por su marido, quien estuvo presente como apoyo, confianza y contención. El estudio se transformó en un espacio seguro donde la mirada, la luz y el silencio permitieron que la esencia fluyera con naturalidad.
Cada imagen refleja seguridad, feminidad y conexión con su propio cuerpo. Los distintos body elegidos no fueron solo vestuario, fueron una forma de expresión, una manera de mostrar fuerza, delicadeza y autenticidad. Esta sesión no buscó mostrar, sino sentir; no buscó impresionar, sino recordar. El resultado es una colección de fotografías íntimas y elegantes, creadas para atesorar un momento personal, profundo y lleno de significado.





































