No llegué a la fotografía por casualidad.
Llegué porque siempre sentí la necesidad de detener el tiempo, de guardar momentos que muchas veces pasan sin que nos demos cuenta de lo importantes que son.
Soy fotógrafo por vocación, pero sobre todo por sensibilidad. Me interesa lo real, lo auténtico, lo que no se fuerza. Creo que las mejores fotografías no se planean demasiado: se sienten.
Cada sesión es distinta, porque cada persona, cada historia y cada instante lo es.
No busco poses perfectas, busco emociones honestas.
Me tomo el tiempo de conocer a quienes fotografío, de escuchar, de observar. Porque cuando alguien se siente cómodo, la imagen cambia. Y ahí aparece la fotografía que vale la pena conservar.